El viaje de Elisa: cuando un videojuego te hace pensar de verdad

Hola Chicossss! En mi rol de esta semana soy IA-MASTER y he decidido jugar a El viaje de Elisa un videojuego que va mucho más allá de lo típico y que tiene bastante que ver con la Educación Social.

Básicamente, el juego te mete en la vida de Elisa, una chica con Trastorno del Espectro Autista (TEA), y te hace vivir situaciones desde su punto de vista. No es solo jugar por jugar, sino que te obliga a entender cómo percibe ella el mundo, las dificultades que tiene y cómo se siente en momentos que para otras personas serían normales. Y ahí es donde entra el rollo de la “inteligencia artificial” o, mejor dicho, de las tecnologías educativas: crear experiencias que te ayuden a aprender desde dentro, no solo leyendo teoría. 

(Imagen Propia)

En este caso, la herramienta que se está utilizando es el propio videojuego, que funciona como un recurso educativo interactivo. Sirve para sensibilizar sobre el autismo, fomentar la empatía y hacer que la gente entienda mejor la diversidad. Y la verdad, funciona bastante bien porque lo vives en primera persona, no te lo cuentan.

Pensando en la Educación Social, este tipo de recurso tiene bastante potencial. Por ejemplo, se podría usar en clase para trabajar temas de inclusión, o en la formación de futuros educadores sociales para que comprendan mejor ciertas realidades. También encajaría en talleres o actividades grupales, donde primero se juega y luego se comenta la experiencia. De hecho, imagina una situación en la que un grupo juega un nivel donde Elisa se siente saturada en un entorno social. Después, se abre un debate: qué han sentido, qué han entendido y cómo actuarían ellos en la vida real. Ese momento de reflexión es donde realmente pasa el aprendizaje. 

(Imagen Propia)

Eso sí, tampoco hay que fliparse pensando que esto es perfecto. El juego muestra una versión concreta del autismo, pero no representa todos los casos, porque cada persona es diferente. Además, algunas situaciones pueden simplificarse demasiado, y no todo el mundo tiene acceso a este tipo de tecnología, lo que también limita su uso.

(Imagen Propia)

Y aquí entra la parte ética, que es clave. Por un lado, están los posibles sesgos: si alguien se queda solo con lo que ve en el juego, podría pensar que todas las personas con autismo son iguales, y eso no es así. También está el tema de la accesibilidad, porque no todos los usuarios pueden interactuar fácilmente con videojuegos. Y aunque en este caso no se manejan datos personales, si se combinara con herramientas de inteligencia artificial más avanzadas, la privacidad sería algo a tener muy en cuenta.

(Imagen Propia)

En resumen, El viaje de Elisa demuestra que los videojuegos pueden ser herramientas muy potentes dentro de la Educación Social. No sustituyen la experiencia real ni el trabajo de los profesionales, pero sí ayudan a abrir la mente, generar empatía y empezar conversaciones importantes. Y eso, hoy en día, ya es bastante.

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